Publicado en El Confidencial

En el año 1907, en una ciudad polaca muy industrial –Lodz–, paradigma de desarrollo y pobreza extremas, y poco después de concluir la primera revolución rusa de 1905, detonada en parte por una economía en plena degradación, en parte por la onerosa derrota rusa en la batalla naval de los estrechos de Tsushima contra los emergentes nipones, un excepcional ajedrecista crearía una de las mas bellas obras de arte de esta milenaria disciplina.

Akiba Rubinstein amaneció un 12 de diciembre de 1882 en Stawiski (Polonia) y abandonó este lugar de belleza y miseria un 15 de marzo del año 1961 en Amberes (Bélgica). De origen judío, Rubinstein fue el menor de una extensa familia de 12 hermanos de muy humilde condición.

Su punto de inflexión ajedrecístico se produjo entre los años 1909 y 1912, llegando a derrotar al campeón del mundo Emanuel Lasker en el torneo de San Petersburgo. En el torneo de San Sebastián en 1911 ganó a José Raúl Capablanca, en su encuentro individual.

El destino quiso que dadas las características de los ciclos del campeonato del mundo –con las caprichosas y a veces onerosas condiciones que solía imponer el campeón de turno–, nunca encontrara un patrocinador que le permitiera reunir la cantidad suficiente para cumplimentar la bolsa requerida. A eso hubo que añadir el despuntar del emergente Capablanca y la cíclica visita de los jinetes del Apocalipsis que se manifestaron con su peculiar vehemencia desmedida en la Gran Guerra –qué eufemismo– de 1914 a 1918. Por todo ello se puede decir que Rubinstein fue un autentico campeón sin corona.

Finalmente, la contienda dejó en él graves secuelas nerviosas que se manifestaron en brotes y comportamientos esquizofrénicos, que devinieron en crónicos. En 1932, agotado y en su peor  momento de juego –a veces era incapaz de ver un mate en tres– fue ingresado en un centro especializado. Para aliviar su precariedad económica rayana con la insolvencia, dos grandes revistas del mundo del ajedrez, una alemana y otra inglesa, hicieron una cuestación simultánea dirigida a paliar sus necesidades más perentorias. El monto de la recaudación superó todas las expectativas. Rubinstein tenía más amigos de los que podía contar.

Georg A. Rotlewi vs. Akiba Rubinstein (Lodz, 1907)

[D40] Gambito de Dama rehusado.

Tablero tras la posición 22

1. d4 d5

2. Cf3 e6
3. e3 c5
4. c4 Cc6
5. Cc3 Cf6
6. dxc5 Axc5
7. a3 a6 (cabe la posibilidad de un enroque corto como opción más idónea)
8. b4 Ad6
9. Ab2 0–0
10. Dd2. De7!
11. Ad3 (quizás sea una pérdida de tiempo) dxc4
12. Axc4 b5
13. Ad3 Td8
14. De2 Ab7
15. 0–0 Ce5
16. Cxe5 Axe5
17. f4 Ac7
18. e4 Tac8
19. e5 (Probablemente un error, pues el blanco permite actividad en la gran diagonal) Ab6+
20. Rh1 (El negro tiene las piezas mas activas, y en consecuencia pasa al ataque) … Cg4! (Se puede decir que la ventaja del negro es definitivamente decisiva)
21. Ae4 Dh4
22. g3 (Todas las piezas negras actúan con la armonía necesaria para efectuar esta brillante combinación. Hay cuatro piezas orientadas contra el enroque, y las torres preparadas para una intervención contundente. Txc3!
23. gxh4 Td2
24. Dxd2 Axe4+
25. Dg2 Th3!! (La posición es de diagrama. Esta partida es la Inmortal de Rubinstein. En este punto, las blancas se rindieron. La continuación más consecuente debería ser la siguiente: [25…Th3!! 26. Tf3 (26.Tf2 Axf2 27.Dxe4 Txh2#) 26…Axf3 27.Dxf3 Txh2#]
0–1