Publicado en El Confidencial

Recientes investigaciones nos muestran que hay actividades que mejoran el rendimiento de la memoria y previenen el deterioro cognitivo. Entre estas actividades se encuentran las de ocio: leer, escuchar música, asistir a acontecimientos culturales, realizar pasatiempos (crucigramas, juegos de lógica, puzles, sopas de letras, sudokus, etc.) y otras.

En lugar muy destacado se encuentra una actividad de ocio y deporte: el ajedrez. El ajedrez, que es también arte y ciencia, pone en marcha numerosas funciones mentales, sobre todo la atención, las funciones ejecutivas y la memoria de trabajo. Pedro Montejo, médico psiquiatra de Centro de Prevención del Deterioro Cognitivo del Ayuntamiento de Madrid ha atendido a El Confidencial para explicar la labor que puede jugar el ajedrez en la prevención de los problemas de memoria.

¿Podría desarrollar con mas detalle la incidencia que tiene el ajedrez en las funciones mentales antes enunciadas?

Gran parte de nuestra vida mental consciente se basa en la atención. La atención se considera “la puerta de la memoria”, de modo que la información que no reciba atención suficiente no se va a poder recordar cuando queramos traerla a la memoria. Muchos problemas de memoria son en realidad problemas por falta de atención. La persona que juega al ajedrez ejercita constantemente su atención, necesita estar atento a sus jugadas y planes, a los desarrollos y cambios del oponente. Hay varios tipos de atención, entre ellos destacamos la atención sostenida y la selectiva. Ambas se ejercitan en el ajedrez, el jugador debe mantener la concentración, sostenerla, si se distrae se borrarán de su memoria las jugadas que tenía planificado hacer y tendrá que empezar de nuevo a organizarse. Además, está ejercitando la atención selectiva cuando selecciona los objetivos concretos de cada momento, la pieza y la jugada a la que debe prestar interés en cada instante y que deben ocupar el centro de su atención. Para los mayores es especialmente recomendable este deporte mental del ajedrez; entre los problemas que tienen muchos de ellos, se encuentra la dificultad para mantener la atención. El ajedrez les ofrece una herramienta con la que pueden no sólo disminuir esta dificultad, sino también restaurar a niveles previos y aún superiores, el funcionamiento de su atención.

¿Cree que la estimulación de las funciones ejecutivas puede estar asociada de manera directa o indirecta pero vinculante con la práctica del ajedrez?

Las funciones ejecutivas son aquellas que permiten organizar y controlar toda nuestra vida mental consciente y voluntaria: el planteamiento de objetivos, el establecimiento de prioridades, la planificación de nuestras actividades, el monitorizar y corregir nuestras acciones y la vida mental, el dirigir y cambiar la atención de un objeto a otro, el mantenimiento del interés y del esfuerzo, la velocidad de procesamiento de la información,  etc. Estas funciones son muy recientes en la evolución de nuestra especie. Algunas de ellas organizan la memoria: es lo que llamamos “ejecutivo central”. Se asientan en el lóbulo frontal del cerebro que es el que más se ha desarrollado en las últimas etapas del hombre, en contraposición a los animales más próximos a nosotros en la escala filogenética como el chimpancé, orangután o gorila y que tienen mucho menos desarrollada esa región cerebral. Nos permiten llevar una vida social creativa, eficaz y adaptada. Pues bien, de la enumeración de las funciones ejecutivas puede deducirse que todas ellas se ejercitan con el ajedrez. En el ajedrez hay que plantearse unos objetivos y estrategias (cómo posicionarse, cómo atacar, cómo defenderse…), hay que establecer prioridades (¿qué debo hacer en primer lugar, afianzar esta posición o avanzar al campo contrario?), planificar nuestras actividades (se puede considerar que las piezas son como un ejército que avanza y esto debe planificarse), cambiar los objetivos inmediatos según el avance o la posición del contrario, etc. Con el ajedrez estamos ejercitando las más elevadas funciones mentales de nuestra especie. Este ejercicio es conveniente para toda la población, pero especialmente lo indicamos para niños y para mayores; creemos que en los extremos de la vida es cuando puede traer mayor beneficio y puede ser más eficaz y con mejores resultados.

Es sumamente interesante su exposición pero, ¿podríamos concluir que la práctica regular del ajedrez ya sea como divertimento o a través de un compromiso sostenido tiene una vertiente preventiva a la vez que terapéutica?

En lo relativo a la memoria de trabajo debemos considerar que es el instrumento clave de nuestra memoria. La memoria de trabajo es como la recepción de un hotel donde se recibe a los clientes, se les toma el nombre y otros datos, se les envía a las distintas habitaciones y se resuelven sus problemas; lo que no pasa por la recepción es como si no existiera; si un cliente llega de la calle y, sin inscribirse, sube y se instala en una habitación que encuentra abierta, para el hotel este cliente no existe. La memoria de trabajo tiene un elemento de organización que se llama “ejecutivo central” y es una parte de las funciones ejecutivas que comentamos en el apartado anterior (en el hotel sería lo que se hace en el mostrador, la organización), tiene un componente que se llama “agenda o almacén viso espacial”, otro que se llama “lazo articulatorio o almacén verbal” y otro que se llama “almacén episódico”; estos tres almacenes son transitorios y a la vez constituyen un lugar de trabajo como la recepción de un hotel. Todas estas funciones se ejercitan con el ajedrez. Se necesita la acción organizadora y planificadora del “ejecutivo central”; la “agenda viso espacial” asegura la visión global del juego en cada momento y hace posible el reconocer las configuraciones de las piezas; según algunas investigaciones cuando se está ante un tablero de ajedrez se activan las regiones parietales de nuestro cerebro que son las que tienen que ver con los aspectos del espacio y esto se explica porque el tablero es un espacio y los movimientos se hacen adelantando o retrocediendo piezas en ese espacio; el “lazo articulatorio” permite la conversación con nosotros mismos, o sea el ir diciendo para nuestro interior qué haremos con cada pieza y el “almacén episódico” nos mantiene el recuerdo global y detallado de los episodios que han creado los últimos movimientos. En un momento dado y antes de mover una pieza, el jugador debe tener presente, es decir en su memoria de trabajo, las consecuencias de ese movimiento y otros movimientos posibles que debe haber evaluado. Podríamos decir que el juego del ajedrez es, en su mayor parte, ejercitar la memoria de trabajo.

Probablemente estas tres funciones que hemos expuesto son las que más se benefician del juego del ajedrez. Hay también estudios sobre el beneficio en la memoria a largo plazo (se ejercita mediante el recuerdo de esquemas de jugadas y de otras jugadas reales con sus consecuencias), la memoria implícita (pues el ajedrez es una habilidad mental o cognitiva), la memoria visual, la lógica, la abstracción, etc. Pero esto tiene sus particularidades y aparentes contradicciones, pues, por ejemplo, un jugador experto y que recuerda numerosas jugadas de ajedrez, no tiene por qué ser bueno en su memoria a largo plazo cuando se refiere a hechos diferentes del ajedrez, aunque, y ésta es la aparente contradicción, al ejercitar intensamente la memoria de trabajo facilita que el recuerdo de cualquier información nueva se pueda grabar mejor en su memoria.

¿Para quién es beneficioso el juego del ajedrez?

Para todos, tanto niños, como jóvenes, adultos o mayores. Pero no sólo para las personas sanas sino también para aquellas que tienen ya deterioro cognitivo, estas últimas con juegos y movimientos más sencillos y, a ser posible, bajo la dirección de un experto.

Si nos referimos a los mayores, sería conveniente que aquellas personas que tienen ya problemas de memoria considerasen este juego-deporte mental como un instrumento para mejorar los tres elementos que hemos descrito: la atención, las funciones ejecutivas y la memoria de trabajo. Hay numerosos estudios que indican que los problemas de la memoria comienzan por la alteración de estas tres funciones, aunque no nos demos cuenta de dicha alteración. La persona mayor siente que olvida los nombres de personas, dónde deja las cosas, percibe que le sucede con excesiva frecuencia el fenómeno de la palabra “en la punta de la lengua” es decir, el no encontrar la palabra adecuada para expresarse, se preocupa porque va a una habitación y no recuerda qué ha ido a buscar, etc. Todo esto son olvidos cotidianos. Pues bien, la causa próxima de estos olvidos cotidianos suelen ser las alteraciones que hemos descrito.

El ajedrez puede considerarse como un instrumento eficaz en la promoción de la salud y la prevención de la pérdida de memoria y el deterioro cognitivo.