Álvaro van den Brule Arandia
Vivo el ajedrez con pasion puesto que lo considero el gimnasio de la mente. También porque entiendo que pensar es gratis y que no hacerlo puede resultar muy contraproducente, al inhibirnos del factor autocrítico. Este arte-ciencia nos permite explorar lo ignoto y acercarnos con fascinación y prudencia al conocimiento. Como bien dijo Einstein, la mente es como un paracaídas: si no se abre no sirve para nada.

Ello me ha conducido, como miembro fundador de Chess without Borders y Ajedrez sin Fronteras, a su divulgación e insercion en los programas educativos de paises en vías de desarrollo, como una herramienta adicional en el progreso de sus gentes y, en particular, de los niños y jóvenes, ya que el ajedrez es una metáfora de la vida y su conocimiento y dominio permiten extracciones y aplicaciones transversales en la vida cotidiana.

La ultima escuela se abrió en Wukro —Tigray (Etiopía)— en la misión católica dirigida por el Padre Ángel Olaran. Las siguientes se abriran esta semana santa de 2012 en el Tinduf (Argelia), en uno de los campamentos del Frente Polisario. Entrado el verano en Tanzania, en colaboración con la ONG Born to Learn, inauguraremos allí una modesta escuela rural de ajedrez. Y, en India, para la fundación Vicente Ferrer, una de mayores dimensiones.

Actualmente enseño en algunos colegios de Madrid, así como en el club de ajedrez La Dama Invisible, inserto en el proyecto cultural La Piscifactoría, en el barrio de Malasaña, e imparto clases privadas.